Feeds:
Entrades
Comentaris

Posts Tagged ‘El Cairo’

Mujeres egipcias perseguidas por los fundamentalismos religiosos

Por Emad Mekay para AmecoPress

23 de Mayo, El Cairo. La joven cristiana Abeer Fakhry quería vivir con un hombre que la amara y respetara, y no con su esposo abusivo. Pero la persiguen su propia familia, la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa, los fundamentalistas salafistas y los generales del ejército egipcio. “Yo sólo quería ser feliz”, dice Abeer, ahora conocida simplemente por su nombre de pila, en un vídeo de YouTube que hizo famosa su historia en Egipto.

Su experiencia pone de relieve la violencia doméstica a las que están sometidas las mujeres cristianas ortodoxas, quienes buscan protección en otras partes pero se encuentran con que las enseñanzas de su Iglesia las mantienen atrapadas en matrimonios permanentes y a menudo intolerables. Aunque la Iglesia misma se queja de que la mayoría musulmana del país las discrimina, este caso también subraya que esa institución religiosa les niega la libertad a sus propios fieles.

En varias entrevistas divulgadas por los medios de comunicación desde ubicaciones secretas, Abeer describió cómo su matrimonio con un hombre cristiano como ella en la aldea de Kafr Shehata, en la central provincia de Assiut, rápidamente se volvió una pesadilla. Era habitual que su esposo abusara de ella verbalmente y también que la golpeara, relató.

Abeer, quien sufre un tipo de anemia que requiere transfusiones de sangre cada tres meses, pidió el divorcio, pero la poderosa y conservadora Iglesia Ortodoxa, liderada desde 1971 por el papa Shenouda III, se negó a concedérselo. “Me dijeron que solamente podría librarme de este matrimonio si cambiaba de religión”, explicó en un programa del canal de televisión cristiano OTV. “Entonces pensé en convertirme al islamismo”, dijo.

Así que cuando conoció a Yassen, un musulmán que trabajaba como guarda en un autobús de pasajeros en el que ella viajaba diariamente, y la trató con respeto, Abeer se enamoró rápidamente de él.  El 23 de septiembre del año pasado, Abeer creyó que su vida cambiaría para mejor cuando entró en la mezquita Al-Azhar, una de las más antiguas de Egipto, para convertirse al Islam y casarse con Yassen. Ambos habían decidido abandonar su aldea.

Pero su felicidad duró poco. Se vio obligada a ir de un lado a otro porque su familia la perseguía por todo el país. A muchos cristianos ortodoxos les preocupa que esté mermando la cantidad de feligreses, y que muchos de sus hijos se estén haciendo musulmanes a un ritmo que les resulta intolerable. El Pew Forum on Religion and Public Life en Estados Unidos dijo que alguna vez los cristianos fueron la mayoría en Egipto, pero que ahora son apenas el 4,5 por ciento de sus 86 millones de habitantes. Y eso incluye a todas las denominaciones cristianas, como los católicos y los protestantes.

El régimen del ex presidente Hosni Mubarak (1981-2011) hizo la vista gorda cuando la Iglesia persiguió a quienes se convertían al Islam, en un intento por llevarlos de regreso a la cristiandad ortodoxa. Influenciadas por las opiniones ultraconservadoras del papa Shenouda, muchas familias cristianas que a menudo se inclinaban hacia la izquierda y formaban escuelas de pensamiento liberal, aceptaron en los últimos tiempos la idea de que la conversión es una herejía y un delito capital pese a que esos puntos de vista a menudo han causado fricciones con la mayoría musulmana del país.

Días antes de conocerse la historia de Abeer, Salwa, otra joven cristiana, madre tres hijos que se había convertido al Islam siete años antes, fue asesinada por miembros de su familia cristiana. También mataron a uno de sus hijos e hirieron a su esposo, que era musulmán. Temiendo correr la misma suerte, Abeer halló un lugar para esconderse cerca de Benha, 40 kilómetros al norte de El Cairo. Pero pronto un vecino musulmán alertó a la familia.

En marzo, sus familiares la capturaron y la llevaron a distintas iglesias. Terminó en una del barrio de Imbaba, en la capital, donde una mezcla de fanatismo y pobreza conduce a frecuentes enfrentamientos. Abeer se las arregló para encontrar un teléfono celular desde el cual llamar a su esposo. Sintiéndose solo e indefenso, Yassen recurrió a un grupo con renovado poder en Egipto: los fundamentalistas musulmanes salafistas, quienes tras la caída de la policía secreta de Mubarak se han vuelto activos públicamente.

Decenas de salafistas se congregaron rápidamente fuera de la iglesia de Mar Mina, en Imbaba. Entonces estallaron enfrentamientos que dejaron ocho musulmanes y cuatro cristianos muertos. Otros 210 resultaron heridos y se incendiaron dos iglesias. Estos incidentes han sido los peores que Egipto ha vivido en años. Muchos temen que la revolución del 25 de enero que derrocó a Mubarak se vea perjudicada por las tensiones religiosas.

Miles de cristianos portando cruces e imágenes de sus santos, se congregaron al día siguiente en El Cairo, donde muchos entonaron cánticos reclamando el regreso de Mubarak y pidiendo que sus templos sean protegidos de los salafistas.

Mubarak mantuvo a raya a grupos musulmanes como los salafistas mediante la brutalidad policial. También dio al papa Shenouda vía libre para controlar a la minoría cristiana ortodoxa a cambio de que luego respaldara la presidencia del hijo de Mubarak, Gamal.  El papa Shenouda prohibió que los cristianos tomaran parte en la revolución del 25 de enero, que el 11 de febrero culminó con la caída de Mubarak.

Los medios egipcios, todavía dirigidos por ejecutivos de la era Mubarak, buscaron inmediatamente un chivo expiatorio para el derramamiento de sangre en Imbaba. Entonces culparon a Abeer. Los periódicos empezaron a llamarla “la causa de todos los males” y muchos columnistas se preguntaron si era una persona suficientemente valiosa. Ella logró escapar de la iglesia durante los enfrentamientos, pero los generales del ejército la rastrearon, la arrestaron y la acusaron de atizar los conflictos religiosos.

Ahora Abeer está tras las rejas de la prisión de mujeres de Qanater y la culpan casi todos, incluso organizaciones de derechos humanos que a menudo se ocuparon de casos de conversiones del Islam al cristianismo y que ahora dudan en salir a defenderla.

“No sé cuál será mi destino ahora. No sé qué me ocurrirá. Todo lo que realmente quería era tener una vida normal, como cualquiera”, declaró.

—————————————————————————————————

Dones egípcies perseguides pels fonamentalismes religiosos

Per Emad Mekay per AmecoPress

23 de maig, El Caire. La jove cristiana Abeer Fakhry volia viure amb un home que l’estimés i respectés, i no amb el seu marit abusador. Però la persegueixen la seva pròpia família, l’Església Catòlica Apostòlica Ortodoxa, els fonamentalistes salafistes i els generals de l’exèrcit egipci. “Jo només volia ser feliç”, diu Abeer, ara coneguda simplement pel seu nom de pila, en un vídeo de YouTube que va fer famosa la seva història a Egipte.

La seva experiència posa de relleu la violència domèstica a què estan sotmeses les dones cristianes ortodoxes, que busquen protecció en altres parts però es troben amb que els ensenyaments de la seva Església les mantenen atrapades en matrimonis permanents i sovint intolerables. Encara que l’Església mateixa es queixa que la majoria musulmana del país les discrimina, aquest cas també subratlla que aquesta institució religiosa els nega la llibertat als seus propis fidels.

En diverses entrevistes divulgades pels mitjans de comunicació des d’ubicacions secretes, Abeer descriu com el seu matrimoni amb un home cristià com ella al poble de Kafr Shehata, a la central província de Assiut, ràpidament es va tornar un malson. Era habitual que el seu espòs abusés d’ella verbalment i també que la colpegés, va relatar.
Abeer, qui pateix un tipus d’anèmia que requereix transfusions de sang cada tres mesos, va demanar el divorci, però la poderosa i conservadora Església Ortodoxa, liderada des de 1971 pel papa Shenouda III, es va negar a concedir. “Em van dir que només podria lliurar-me d’aquest matrimoni si canviava de religió”, va explicar en un programa del canal de televisió cristià OTV. “Llavors vaig pensar en convertir a l’islamisme”, va dir.

Així que quan va conèixer a Yassen, un musulmà que treballava com a vigilant en un autobús de passatgers en el qual ella viatjava diàriament, i la va tractar amb respecte, Abeer es va enamorar ràpidament d’ell. El 23 de setembre de l’any passat, Abeer va creure que la seva vida canviaria per millor quan va entrar a la mesquita Al-Azhar, una de les més antigues d’Egipte, per convertir-se al Islam i casar-se amb Yassen. Tots dos havien decidit abandonar el seu poble.
Però la seva felicitat va durar poc. Es va veure obligada a anar d’un costat a un altre perquè la seva família la perseguia per tot el país. A molts cristians ortodoxos els preocupa que estigui minvant la quantitat de feligresos, i que molts dels seus fills s’estiguin fent musulmans a un ritme que els resulta intolerable. El Pew Forum on Religion and Public Life als Estats Units va dir que alguna vegada els cristians van ser la majoria a Egipte, però que ara són tot just el 4,5 per cent dels seus 86 milions de habitants. I això inclou a totes les denominacions cristianes, com els catòlics i els protestants.

El règim de l’ex president Hosni Mubarak (1981-2011) va fer els ulls grossos quan l’Església va perseguir als que es convertien a l’Islam, en un intent per portar de tornada a la cristiandat ortodoxa. Influenciades per les opinions ultraconservadores del papa Shenouda, moltes famílies cristianes que sovint s’inclinaven cap a l’esquerra i formaven escoles de pensament liberal, van acceptar en els últims temps la idea que la conversió és una heretgia i un delicte capital tot i que aquests punts de vista sovint han causat friccions amb la majoria musulmana del país.
Dies abans de conèixer la història de Abeer, Salwa, una altra jove cristiana, mare tres fills que s’havia convertit a l’Islam set anys abans, va ser assassinada per membres de la seva família cristiana. També van matar a un dels seus fills i van ferir al seu espòs, que era musulmà. Tement córrer la mateixa sort, Abeer va trobar un lloc per amagar-prop de Benha, 40 quilòmetres al nord del Caire. Però aviat un veí musulmà va alertar la família.
Al març, els seus familiars la van capturar i la van portar a diferents esglésies. Va acabar en una del barri de Imbaba, a la capital, on una barreja de fanatisme i pobresa condueix a freqüents enfrontaments. Abeer se les va arreglar per trobar un telèfon mòbil des del qual cridar al seu espòs. Sentint-se sol i indefens, Yassen recórrer a un grup amb renovat poder a Egipte: els fonamentalistes musulmans salafistes, que després de la caiguda de la policia secreta de Mubàrak s’han tornat actius públicament.

Desenes de salafistes es van congregar ràpidament fora de l’església de Mar Mina, en Imbaba. Llavors van esclatar enfrontaments que van deixar vuit musulmans i quatre cristians morts. Altres 210 van resultar ferits i es van incendiar dues esglésies. Aquests incidents han estat els pitjors que Egipte ha viscut en anys. Molts temen que la revolució del 25 de gener que va enderrocar a Mubàrak es vegi perjudicada per les tensions religioses.
Milers de cristians portant creus i imatges dels seus sants, es van congregar al dia següent a El Caire, on molts van entonar càntics reclamant el retorn de Mubàrak i demanant que els seus temples siguin protegits dels salafistes.

Mubarak va mantenir a ratlla a grups musulmans com els salafistes mitjançant la brutalitat policial. També va donar el papa Shenouda via lliure per controlar la minoria cristiana ortodoxa a canvi que després recolzés la presidència del fill de Mubàrak, Gamal. El papa Shenouda prohibir que els cristians prenguessin part en la revolució del 25 de gener, que l’11 de febrer va culminar amb la caiguda de Mubàrak.

Els mitjans egipcis, encara dirigits per executius de l’era Mubàrak, van buscar immediatament un boc expiatori per al vessament de sang en Imbaba. Llavors van culpar l’Abeer. Els diaris van començar a cridar-la “la causa de tots els mals” i molts columnistes es van preguntar si era una persona prou valuosa. Ella va aconseguir escapar de l’església durant els enfrontaments, però els generals de l’exèrcit la rastrejar, la van arrestar i la van acusar d’atiar els conflictes religiosos.

Ara Abeer està rere les reixes de la presó de dones de Qanater i la culpen gairebé tots, fins i tot organitzacions de drets humans que sovint es van ocupar de casos de conversions de l’Islam al cristianisme i que ara dubten a sortir per defensar-la.
“No sé quin serà el meu destí ara. No sé què em passarà. Tot el que realment volia era tenir una vida normal, com qualsevol”, va declarar.

——————————————————————————————————-

Egyptian women harassed by religious fundamentalism

By Emad Mekay for AmecoPress

 

23rd, May, Cairo. The Christian girl Abeer Fakhry wanted to live with a man whom she loved and respected, and not with her abusive husband. But she was persecuted by  her own family, the Orthodox Catholic Church, the fundamentalist Salafi group and the generals of the Egyptian army. “I just wanted to be happy,” says Abeer, now known simply by his first name, in a YouTube video that made famous her story in Egypt.

Her experience highlights the domestic violence to which Orthodox Christian women are subjected, who seek safety elsewhere only to find that the teachings of their Church keep them trapped in permanent  and  often intolorable marriages. Although the church itself complains about the country’s Muslim majority discriminating them, this case also underlines that this religious institution also denies freedom to their faithful.

In interviews published by the media taken from secret locations, Abeer described how her marriage to a Christian man like her in the village of Kafr Shehata, in the central province of Assiut, quickly became a nightmare. It was usual for her husband to abuse her verbally and he also hit her, she said.

Abeer, who suffers from a type of anemia that requires blood transfusions every three months, asked to divorce, but the powerful and conservative Orthodox Church, led since 1971 by Pope Shenouda III, refused to. “They said I could only get rid of this marriage if I changed religion,” she said in the television program OTV Christian. “The it was when I thought of converting to Islam,” she explained.

So when she met Yassen, a Muslim who worked as a guard in a bus in which she traveled daily, and treated her with respect, Abeer quickly fell in love with him. On 23rd September last year, Abeer thought her life would change for the better when she entered the Al-Azhar mosque, one of the oldest in Egypt, to convert to Islam and marry Yassen. Both had decided to leave their village.

But their happiness was short lived. She was forced to go back and forth because his family was chasing her around the country. Many worry about Orthodox Christians dwindling number of parishioners, and about many of their children converting to Muslims at a pace that is intolerable for them. The Pew Forum on Religion and Public Life in America once said that Christians were the majority in Egypt, but they are now just 4.5% of their 86 million inhabitants. And that includes all Christian denominations, including Catholics and Protestants.

The regime of former President Hosni Mubarak (1981-2011) turned a blind eye when the Church persecuted those who converted to Islam in an attempt to bring them back to Orthodox Christianity. Influenced by the ultra-conservative views of Pope Shenouda, many Christian families who were often inclined to the left and liberal schools of thought, have recently accepted the idea that conversion is a heresy, a capital crime,  although those points of view have often caused friction with the Muslim majority of the country.

Some days before knowing the story of Abeer, Salwa, another young Christian mother of three children, who had converted to Islam seven years ago, was murdered by members of her Christian family. They also killed one of her children and wounded her husband, who was Muslim. Fearing the same fate, Abeer found a hiding place near Benha, 40 miles north of Cairo. But soon a Muslim neighbor alerted her family.

In March, her family captured her and took her to different churches. She ended up in the neighborhood of Imbaba in the capital, where a mixture of fanaticism and poverty leads to frequent clashes. Abeer managed to find a cell phone from which to call her husband. Feeling alone and helpless, Yassen asked for help to a group with renewed power in Egypt: the Salafists, a Muslim fundamentalist group, that after the fall of Mubarak’s secret police, have become very active.

Tens of Salafists quickly gathered outside the Church of Mar Mina, Imbaba. Then, fighting broke out that left with eight dead Muslims and four dead Christians. Another 210 people were injured and two churches were burned. These incidents have been the worst that Egypt has experienced in years. Many fear that the revolution of 25 January, that toppled Mubarak, may be harmed by religious tensions.

Thousands of Christians carrying crosses and images of their saints, gathered on the next day in Cairo, where many chanted demanding the return of Mubarak and demanding that their temples were protected against the Salafists.

Mubarak held off Muslim groups like the Salafists by police brutality. Pope Shenouda also gave free rein to control the Orthodox Christian minority in exchange for supporting Mubarak’s son, Gamal. Pope Shenouda forbade Christians to take part in the revolution of 25 January to 11 February that culminated with the fall of Mubarak.

The Egyptian media, still led by executives of the Mubarak’s era, immediately seek a scapegoat for the bloodshed in Imbaba. Then they blamed Abeer. Newspapers began to call her “the cause of all evils” and many columnists questioned whether she was valuable enough. She managed to escape from the church during the fighting, but the army generals tracked her and she was arrested and accused of stoking religious conflict.

Abeer is now behind the bars of the women’s prison Qanater and she’s blamed by almost everyone, including human rights organizations, that often deal with cases of conversions from Islam to Christianity but now hesitate to go out and defend her.

“I do not know what my destiny is now. I do not know what will happen to me. All I really wanted was to have a normal life, as anyone,” she said.

Read Full Post »