Nietas de Nefertiti
Por Giselle Evangelisti
Quedamos con ella en el Encuentro Internacional de la Red Mediterránea de Periodistas y Comunicadoras, realizado en Roma del 4 al 5 de marzo, promovido por la Asociación de la Prensa Romana y la Red Mediterránea: “Donne fuori dei luoghi comuni”, “Mujeres fuera de los estereotipos”.
Randa Achmawi, egipcia “fuera de lo común”, conmueve el auditorio con sus ojos lúcidos y su sonrisa radiante cuando habla de la revolución en su país, de los desafíos surgidos en la plaza Tahrir, donde sus hijos han participado en las manifestaciones que a partir del 20 de enero han llevado a la caída de Mubarak. Y el 8 de marzo, a bajar otra vez a la ya mítica plaza de la Libertad, esta vez las mujeres, que temen verse excluidas del proceso de reforma constitucional. Apostaban por una manifestación oceánica, pero solo unos cientos de mujeres han logrado congregarse en la plaza, enfrentándose a la hostilidad de los peatones. Sus carteles con eslóganes libertarios han sido pisados, han volado insultos. “El camino hacia la paridad entre los sexos será largo y difícil, es mejor tomar nota”, comenta Randa en Facebook. Sin embargo se prepara otra manifestación para el 16 de marzo. La oscuridad en que ha caído el Egipto de estos últimos treinta años ha penetrado profundamente en la sociedad, y no podrá ser disuelta en un solo movimiento, como el polvo sobre un mantel: deberá ser ganada día a día, por pequeños gestos de luz.
Randa es una periodista free-lance que vive entre Londres y El Cairo. Nos cuenta su historia “fuera de lo común” en portugués, una de los siete idiomas que domina:
“Gracias antes, a mi padre, ingeniero y a mi marido diplomático después, he tenido la oportunidad de vivir en países muy diferentes, desde Suiza a Burundi, Irán o Líbano, y en estas idas y venidas entre Norte y Sur, Oriente y Occidente, he tratado de entender quien era yo, y en qué valía la pena creer. Cada país me ha enseñado algo.
Brasil es extraordinario, acepta todos los extranjeros sin pestañear. Nadie me preguntaba sobre mi religión, y si lo explicaba a alguien, él o ella, siempre exclamaba: ¿Musulmana? ¡Legal! (estupendo), mi vecina es evangélica, mi sobrino es espiritista”. Y ahí quedaba la cosa. Me encantó el optimismo de la gente, que a pesar de la pobreza, a veces, o de las adversidades, siempre encuentra motivos para ser feliz.
“Si caes levántate, desempólvate, y adelante”, cantan en Brasil. “De Francia aprendí el gusto para la reflexión y la investigación filosófica. Allá no fui objeto de discriminación en el circuito de intelectuales, al contrario, hice buenas amistades. Aprecié el arte refinado de Irán, y la alegría tan mediterránea del Líbano; en Burundi toqué con la mano la pobreza extrema de la gente, cuando no se tiene ninguna oportunidad para estudiar o tener cuidados de salud.”
“En fin, ¿quien soy yo?, me pregunté después de tantos pasajes, y paisajes, y gente diferente. Me siento una egipcia musulmana, que cree en la libertad de espíritu, y puede interpretar el texto sagrado sin intermediarios. Soy una mujer que cree en la democracia y quiere contribuir para que su país pueda salir de su larga noche. Me siento nieta de Nefertiti, más que de Mubarak. Egipto y el mundo árabe tienen una larga historia de altos y bajos. También Occidente ha tenido genios y artistas, y hogueras de la Inquisición. Entre nosotras, las mujeres eran tratadas mejor en la época de los faraones, o en los tiempos cultos y tolerantes de El Andalus (que terminó en 1492), que en los tiempos oscuros de la dictadura de Mubarak, donde ha prevalecido la manipulación, la tortura,y el robo de los recursos del estado. Los valores islámicos que me ha transmitido mi padre son los originarios, que existían antes de que imanes y ayatollahs confeccionaran una versión arcaica del islamismo para uso y consumo del poder masculino. Se trata básicamente del respeto de la dignidad humana, de todo ser humano, hombre o mujer, niño o anciano, rico o pobre. En mi familia, chicos y chicas hemos tenido las mismas oportunidad de estudiar y trabajar.”
“Cuando regresé a Egipto después de la muerte temprana de mi marido, comprobé la dureza de una sociedad que no aprecia la mujer sola. Pensé que el pozo de atrocidades en que había caído mi país no tenía fondo. La policía torturaba y hacía desaparecer a los jóvenes. Después, de repente, prendió la chispa de la rebelión. En junio del año pasado, en Alejandría un joven fue matado a palos enfrente de todos, en un Internet café, porque había filmado a un policía distribuyendo drogas. Durante esa semana, surgió espontáneamente en Internet un grupo que se llamó “Todos somos Khaled Said”, con 300 mil miembros anónimos, que denunciaban en la red abusos y torturas. La policía los buscaba pero no lograba identificarlos. Ahora son casi un millón. Cuando fueron manipuladas las elecciones, aumentó la rabia. El gobierno trató de sobrevivir alimentando el miedo y la división, como a través del ataque a una iglesia cristiana, que atribuyeron a Al Khaeda, para proclamarse como defensores de la seguridad.
“Pero cuando cayó Ben Alí en Túnez, sentimos que también en Egipto había comenzado la cuenta atrás. Recuerdo cada minuto de esos días; el gobierno comenzó a pagar intelectuales y periodistas para que defendieran la “estabilidad”, pero la ola de rebelión llevó hombre, mujeres, jóvenes y ancianos a la Plaza Tahrir. Allá hemos visto una revolución festiva, llena de música y poesía. Ha reaparecido el Egipto creativo y alegre de sus épocas mejores. Pero sabemos que todo se jugará alrededor del articulo 2 de la Constitución, que, después de la modificación pedida por Sadat afirma que la sharia no es “una de”, sino “la principal” fuente legislativa”
“Como mujer democrática y madre quisiera que este proceso de reforma constitucional pueda desarrollarse en el diálogo, sin más violencia. Quizás no será así, pero, contra vientos y marea, soy optimista. Si nos deprimimos, los cambios deseados no bajarán del cielo.”
“¿Qué puedo decir a los jóvenes europeos? Creer más en vosotros mismos. Y actuad por lo que creáis, en la vida personal y colectiva, con todo vuestro talento, porque creer es crear la realidad.”
Gisella Evangelisti, periodista italiana residente en Barcelona, de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género
—————————————————————————————————————-
Nétes de Nefertiti
Per Giselle Evangelisti
Quedem amb ella a la Trobada Internacional de la Xarxa Mediterrània de Periodistes i Comunicadores, que van tenir lloc a Roma del 4 al 5 de març d’enguany, promogudes per l’Associació de la Premsa Romana i la Xarxa Mediterrània: “Donne fuori dei luoghi comunicació”o “Dones fora dels estereotips “.
Randa Achmawi, egípcia “fora del comú”, commou l’auditori amb els seus ulls lúcids i el seu somriure radiant quan parla de la revolució al seu país, dels reptes plantejats a la plaça Tahrir, on els seus fills han participat en les manifestacions que a partir del 20 de gener van portar a la caiguda de Mubarak. I el 8 de març, a baixar una altra vegada a la ja mítica plaça de la Llibertat, aquesta vegada només les dones, que temen veure’s excloses del procés de reforma constitucional. Apostaven per una manifestació oceànica, però només uns centenars de dones han aconseguit congregar-se a la plaça, enfrontant-se a l’hostilitat dels vianants. Els seus cartells amb eslògans llibertaris han estat trepitjats, han volat insults. “El camí cap a la paritat entre els sexes serà llarg i difícil, és millor prendre nota”, comenta Randa a Facebook. No obstant això es preparava una altra manifestació per al 16 de març. “La foscor en què ha caigut l’Egipte d’aquests últims trenta anys ha penetrat profundament en la societat, i no podrà ser dissolta en un sol moviment, com la pols sobre unes estovalles: ha de ser guanyada dia a dia, per petits gestos de llum”
Randa és una periodista free-lance que viu entre Londres i El Caire. Ens explica la seva història “fora del comú” en portuguès, un dels set idiomes que domina:”Gràcies, abans al meu pare, enginyer, i al meu marit, diplomàtic després, he tingut la oportunitat de viure en països molt diferents, des de Suïssa a Burundi, l’Iran o el Líban, i en aquestes anades i vingudes entre Nord i Sud, Orient i Occident, he tractat d’entendre qui era jo, i en què valia la pena creure. Cada país m’ha ensenyat alguna cosa”.
Brasil, per exemple, és extraordinari; accepta tots els estrangers sense parpellejar. Ningú no em preguntava sobre la meva religió, i si ho explicava a algú, ell o ella, sempre exclamava: Musulmana? ¡Legal! (Fantàstic), la meva veïna és evangèlica, el meu nebot és espiritista “. I aquí quedava la cosa. Em va encantar l’optimisme de la gent, que tot i la pobresa o les adversitats, sempre troba motius per ser feliç.
“Si caus aixeca’t, desempólvate, i endavant”, canten al Brasil. “De França vaig aprendre el gust per la reflexió i la investigació filosòfica. Allà no vaig ser objecte de discriminació en el circuit de intel·lectuals, ben al contrari, vaig fer bones amistats. Apreciar l’art refinat de l’Iran, i l’alegria tan mediterrània del Líban; i a Burundi vaig tocar amb la mà la pobresa extrema de la gent, quan no es té cap oportunitat per estudiar o tenir cura de la pròpia salut. “
“En fi, qui sóc jo?, em vaig preguntar després de tants passatges, i paisatges, i de gent tant diferent. Em sento una egípcia musulmana, que creu en la llibertat d’esperit, i pot interpretar el text sagrat amb poc temps. Sóc una dona que creu en la democràcia i vol contribuir perquè el seu país pugui sortir de la seva llarga nit. Em sento néta de Nefertiti, més que de Mubarak. Egipte i el món àrab tenen una llarga història d’alts i baixos. També Occident ha tingut genis i artistes, i fogueres de la Inquisició. Entre nosaltres, les dones eren tractades millor en l’època dels faraons, o en els temps cultes i tolerants de l’ Al’Andalus (que va acabar el 1492), que en els temps foscos de la dictadura de Mubarak, on ha prevalgut la manipulació, la tortura, i el robatori dels recursos de l’estat. Els valors islàmics que m’ha transmès el meu pare són els originaris, els que existien abans que imants i ayatollahs confeccionessin una versió arcaica de l’islamisme per a ús i consum del poder masculí. Es tracta bàsicament del respecte de la dignitat humana, de tot ésser humà, home o dona, nen o ancià, ric o pobre. En la meva família, nois i noies hem tingut les mateixes oportunitat d’estudiar i treballar. “
“Quan vaig tornar a Egipte després de la mort primerenca del meu primer marit, vaig comprovar la duresa d’una societat que no aprecia la dona sola. Vaig pensar que el pou d’atrocitats en què havia caigut el meu país no tenia fons. La policia torturava i feia desaparèixer als joves. Després, de sobte, es va encendre l’espurna de la revolta. El juny de l’any passat, a Alexandria, un jove va ser matat a pals davant de tots, en un Internet cafè, perquè havia filmat a un policia distribuint drogues. Durant aquesta setmana, va sorgir espontàniament a Internet un grup que es va anomenar “Tots som Khaled Said”, amb 300.000 membres anònims, que denunciaven a la xarxa abusos i tortures. La policia els buscava però no aconseguia identificar-los. Ara són gairebé un milió. Quan van ser manipulades les eleccions, va augmentar la ràbia. El govern va tractar de sobreviure alimentant la por i la divisió, com a través de l’atac a una església cristiana, que van atribuir a Al Kaheda, per a proclamar-se com defensors de la seguretat.
“Però quan va caure Ben Alí a Tunísia, vam sentir que també a Egipte havia començat el compte enrere. Recordo cada minut d’aquells dies; el govern va començar a pagar intel·lectuals i periodistes perquè defensessin la “estabilitat”, però l’onada de revolta va portar homes, dones, joves i gent gran a la Plaça Tahrir. Allà hem vist una revolució festiva, plena de música i poesia; ha reaparegut l’Egipte creatiu i alegre de les seves èpoques millors. Però sabem que tot es jugarà al voltant de l’article 2 de la Constitució, que, després de la modificació demanada per Sadat afirma que la sharia no és “una de”, sinó “la principal” font legislativa “
“Com a dona democràtica i mare voldria que aquest procés de reforma constitucional pogués desenvolupar-se en el diàleg, sense més violència. Potser no serà així, però, contra vent i marea, sóc optimista. Si ens deprimim, els canvis desitjats no baixaran del cel. “
“Què puc dir als joves europeus? Creieu més en vosaltres mateixos i actueu de la manera que creieu, en la vida personal i col·lectiva, amb tot el vostre talent, perquè creure és crear la realitat. “
Gisella Evangelisti, periodista italiana resident a Barcelona, és membre de la Xarxa Internacional de Periodistes amb Visió de Gènere
———————————————————————————————————————–
Nefertiti granddaughters
By Giselle Evangelisti
We found her in International Meeting of the Mediterranean Network of Women Journalists and Communicatiors, held in Rome from 4 to 5 March this year, organized by the Association of the Roman Press and the Mediterranean Network “Donne dei luoghi fuori com”, “Women outside the stereotypes. “
Randa Achmawi, an “unusual” Egyptian woman, moves the audience with her lucid eyes and radiant smile when talking about the revolution in her country, the challenges encountered in Tahrir Square, where her children had participated in the demonstrations that from the 20th January have led to the fall of Mubarak. And on 8 March, down again to the now legendary Liberty Square, this time only women, who fear to be excluded from the process of constitutional reform. They bet for an oceanic demonstration, but only a few hundred women have congregated in the square, facing the hostility of pedestrians. Their posters with libertarian slogans have been mashed, insults have flown. “The road to gender equality will be long and difficult, we’d better take note,” said Randa on Facebook. Yet another manifestation is was planned for March the 16th. Darkness in which Egypt has fallen in the past thirty years, has deeply penetrated into society and won’t be dissolved in only one move, like dust on a cloth, it must be earned every day by small gestures of light.
Randa is a freelance journalist who lives between London and Cairo. She tells her “unusual” story in Portuguese, one of the seven languages she dominates: “Thanks before, to my father, an engineer and my husband, of diplomatic career, later, I had the opportunity to live in very different countries, from Switzerland to Burundi, Iran, Lebanon, and during these comings and goings between North and South, East and West I have tried to understand who I was and in what was worth believing in. Each country has taught me something.
Brazil is an extraordinary country, they accept all the foreigners without any problem. If anybody asked me about my religion, and if I explained to someone, he or she always exclaimed: Muslim? Legal! (Great), my neighbor is the Gospel, my nephew is spiritualist. “And that was all. I was delighted by people’s optimism, who, despite poverty or adversity, they always find reasons to be happy.
“If you fall, get up, “desempólvate” (remove the dust yourself) and go ahead,” sing people in Brazil. “In France I learned a taste of philosophical thinking and research. There was no discrimination in the circuit of intellectuals, on the opposite, I made good friends. I could appreciate the fine art of Iran, the Mediterranean joy of Lebanon; in Burundi I could touch with the hand the extreme poverty of people, where you have no opportunity to study or to have health care.”
“Anyway, who am I?, I wondered after many passages, and landscapes, and different people. I am an Egyptian Muslim woman who believes in freedom of spirit and can interpret the sacred text without any intermediaries. I am a woman who believes in democracy and wants to contribute for their country to escape from its long night. I am the granddaughter of Nefertiti, rather than Mubarak’s one. Egypt and the Arab world have a long history of ups and downs. The West has also genius and artists, and the fires of the Inquisition. Among us, women were treated better by the time of the pharaohs, or the cult and tolerant times of El Andalus (which ended in 1492), than in the dark times of Mubarak’s dictatorship, when manipulation, torture and theft of state resources have prevailed. The Islamic values that I have learned from my father are the original ones that existed before the imams and ayatollahs had drown up an archaic version of Islam for the use and consumption of male power. It is basically respect of human dignity, of every human being, man or woman, boy or old, rich or poor, that we are asking for. In my family, boys and girls have had the same opportunity to study and work.”
“When I returned to Egypt after the early death of my husband, I could check the strength of a society that does not appreciate a woman alone. I thought the well of atrocities in which my country had fallen, had no end. Police tortured and made young people disappear. Then, suddenly, the spark of rebellion showed up. In June last year in Alexandria, a young man was beaten to death in front of everyone in an Internet café, because he had filmed a policeman dealing with drugs. During that week, an Internet group arose spontaneously; it was called “We are all Khaled Said”, with 300 000 anonymous members, who denounced in the network the cases of abuse and torture. The police sought for them but could not identify them. Now, they are nearly one million. When the elections were rigged, the anger increased. The government tried to survive by feeding the fear and division, and through the attack to a Christian church, which they attributed to Al Khaeda, to be crowned as champions of safety.
“But as Ben Ali in Tunis fell down, we felt that also in Egypt the countdown had started. I remember every minute of those days, the government began paying intellectuals and journalists to defend the “stability”, but the wave of rebellion made men, women, young and old people go to Tahrir Square. There was a festive revolution, full of music and poetry. The creative and joyful Egypt is back again. But now we know that everything will be hanging on the Article 2 of the Constitution, which, after the modification requested by Sadat, says that the Sharia is not “a” but “the main” source of legislation”.
“As a woman and mother I wan democratic process of constitutional reform to take place through dialogue, not with violence. Maybe it will not, but, against all odds, I am optimistic. If we become depressed, the desired changes will not fall from heaven”.
“What can I say to young Europeans? Believe more in yourselves. And act on what you believe in the personal and collective life with all your talent, because believing is creating reality”.
Gisella Evangelisti is an Italian journalist living in Barcelona, from the International Network of Journalists with Gender Perspective
————————————————————————————————————-
Les petites-filles de Néfertiti
Par Giselle Evangelisti
On la trouve à la Rencontre Internationale du Réseau Méditerranéen de femmes journalistes, qui s’est tenue à Rome du 4 au 5 Mars, organisée par l’Association de la Presse Romaine et de le Réseau Méditerranéen, ” Donne fuori dei luoghi comuni”, «Les femmes en dehors des stéréotypes. “
Randa Achmawi, égyptienne «inhabituel» touche le public avec ses yeux lucides et le sourire radiant lors qu’elle parle de la révolution à son pays, les difficultés rencontrées sur la place Tahrir, où ses enfants ont participé à des manifestations que à partir du 20 Janvier ont conduit à la chute de Moubarak. Et du 8 Mars, pour descendre de nouveau à la désormais légendaire Place de la Liberté, cette fois les femmes, qui craignent d’être excluses du processus de réforme constitutionnelle. On pensait que ça serait une manifestation ocèanique mais seulement quelques centaines de femmes ont été rassemblies sur la place, face à l’hostilité des piétons. Ses affiches avec des slogans libertaires ont été écrasées, les insultes ont volé. “La route vers la parité sera longue et difficile, il est préférable de prendre note», a déclaré Randa sur Facebook. Pourtant, une autre manifestation se prépare pour le 16. Mars L’obscurité qui est tombée sur l’Egypte les trente dernières années a pénétré profondément dans la société et ne peut pas disparâitre avec un seul mouvement, comme la poussière sur une nappe; la lumière devra être gagnée chaque jour par à travers de petits gestes.
Randa est un journaliste pigiste qui vit entre Londres et Le Caire. Elle raconte son histoire «inhabituelle» en portugais, une des sept langues qui domine: «Grâce, avant, à mon père, un ingénieur et à mon mari, diplomate plus tard, j’ai eu la chance de vivre dans des pays très différents, de la Suisse au Burundi, en Iran, au Libanon, et parmi ces allées et venues entre le Nord et le Sud, Est et Ouest, j’ai essayé de comprendre qui j’étais et à quoi il fallait croire. Chaque pays m’a appris quelque chose. Le Brésil est extraordinaire, ils s’engagez à tous les étrangers sans broncher. Personne ne m’a posé des questions sur ma religion, et si quelqu’un l’a fait, il ou elle a toujours demandé: musulmane? Juridique! (Cool!), mon voisin est evangeliste, mon neveu est spiritualiste ». Et ça était tout. J’adore l’optimisme du peuple bresilien, qui, malgré la pauvreté, parfois, ou l’adversité, trouve toujours des raisons d’être heureux.
“Si vous tombez, il faut vous lever, et desempólvate” (“enleve ta poussiere”), on chante au Brésil. «En France, j’ai appris le goût de la réflexion philosophique et la recherche. Il n’y avait aucune discrimination dans le circuit d’intellectuels, par contre, j’ai fait de bons amis. J’ai apprécié l’art de l’Iran, et la joie Méditerranée au Libanon; au Burundi j’ai touché avec la main l’extrême pauvreté des gens, quand on a aucune chance d’étudier ou de recevoir des soins de santé. “
«Mais, après tout, qui suis-je?, je me demandais, après de nombreux passages, et des paysages, et des gens différents. Je suis une musulmane égyptienne qui croit en la liberté d’esprit et qui est capable d’interpréter le texte sacré, sans intermédiaires. Je suis une femme qui croit en la démocratie et veut contribuer à leur pays pour qu’ill échappe à sa longue nuit. Je suis la petite-fille de Nefertiti, plutôt que de Moubarak. L’Egypte et le monde arabe ont une longue histoire de hauts et de bas. L’Ouest a aussi des génies et des artistes, et les feux de l’Inquisition. Entre nous, les femmes étaient mieux traités aux temps des pharaons, ou dans le temps cultes et tolérants de El Andalus (qui s’est terminée en 1492), que dans les heures sombres de la dictature de Moubarak, où il y a prévalu la manipulation, la torture et le vol des ressources de l’Etat. Les valeurs islamiques que mon père m’as trasmis sont les originaux, qui existait avant que les imams et les ayatollahs aient élabore une version archaïque de l’Islam à l’utilisation et la consommation de la puissance masculine. Il s’agit essentiellement du respect de la dignité humaine de chaque être humain, homme ou femme, garçon ou vieux, riche ou pauvre. Dans ma famille, garçons et filles avont eu la même chance d’étudier et de travailler. “
“Quand je suis revenue à l’Egypte après la mort prématurée de mon mari, j’ai vérifié la solidité d’une société qui n’apprécie pas la femme seule. Je pensais que le trou des atrocités où mon pays était tombé n’avait pas de fond. La police a torturé et fait disparaître la jeunesse. Puis soudain, pris l’étincelle de la rébellion. En Juin l’an dernier, à Alexandrie, un jeune homme a été battu à mort devant tout le monde dans un café Internet, parce qu’il avait filmé un policier en trani de faire du trafic de drogue. Pendant cette semaine, un group est née spontanément sur Internet, appelé “Nous sommes tous Khaled Said”, avec 300 000 membres anonymes, qui ont dénoncé au réseau les abus et les tortures. La police les a cherchait, mais n’a pas pu les identifier. Aujourd’hui, ils sont près d’un million. Lorsque les élections ont été truquées, il y a eu une augmentation de la colère. Le gouvernement a essayé de survivre en se nourrissant de la peur et la division, et à travers de l’attaque contre une église chrétienne, qu’ils ont attribué à Al Khaeda, pour être après couronné en tant que champions de la sécurité.
“Mais lorsque Ben Ali est tombé à la Tunisie, nous avons vu aussi en Egypte que le compte à rebours avait commencé. Je me souviens de chaque minute de ces jours : le gouvernement a commencé à payer des intellectuels et des journalistes pour défendre la «stabilité», mais la vague de rébellion a pris les hommes, femmes, jeunes et vieux pour aller à la place Tahrir. Il y a eu une révolution festive, pleine de musique et de poésie. L’Egypte créatif et joyeux de ses mieux temps a réapparu. Maintenant, nous savons que tout sera joué autour de l’article 2 de la Constitution, où, après la modification demandée par Sadate, on dit que la charia n’est pas “un” mais “la principale” source de législation »
“En tant que femme et mère je veux un processus démocratique de réforme constitutionnelle qui ait lieu dans le dialogue, pas avec de la violence. Peut-être qu’il ne sera pas, mais, contre toute attente, je suis optimiste. Si on devient déprimé, les changements souhaités ne tomberaient pas du ciel ».
«Qu’est-ce que je peux dire aux jeunes Européens? Croyez en vous-même, surtout. Et agissez selon ce que vous croyez dans la vie personnelle et collective avec tous vos talents, car croire veut dire créer la réalité. “
Gisella Evangelisti est une journaliste italienne qui habite à Barcelone, du Réseau International de Journalistes avec une vision de gendre


